El proyecto de “La Casita Perú” está situado en el barrio de Surco, en Lima. Uno de nuestros activistas descubrió este espacio que acoge niñas y niños entre 2 y 6 años, basando sus enseñanzas en la pedagogía activa, el juego libre y la Psicomotricidad como la conexión afectuosa con los niños.

La Casita Perú nace con la asociación cultural Munai Wayra, de la experiencia de La Caseta en Barcelona. Todo esto acompañado de la psicomotricidad de Acouturier.

Munai Wayra es la asociación cultural que acoge a todos los proyectos que se llevan a cabo en La Casita, que no solo es un espacio para lxs más pequeños, sino además allí se elaboran talleres con bebés y sus madres/padres, talleres para embarazadas, formación anual, cursos, y muchos abordajes más.

La Casita Perú se ha convertido en un referente en Lima, en el desarrollo y aprendizaje de la edad inicial.

La Caseta Barcelona es un proyecto impulsado en el año 2000 el cual se desarrolla con base en la pedagogía activa. Es decir, en el desarrollo de un aprendizaje que confía en la capacidad de los niños para gestionar su aprendizaje. Se da de una forma propositiva, sin imponer, y se tiene en alta referencia el contacto a través del masaje, en un momento de conexión afectuosa con lxs niñxs.

Acouturier es un psicomotricista francés, que ha relacionado psicomotricidad y psicopedagogía para elaborar una práctica pensada en el respeto del desarrollo madurativo del niño. De esta, se han nutrido diferentes proyectos en el desarrollo de sus actividades motrices.

Con todos estos elementos, y tras una larga experiencia en La Caseta Barcelona, una de las actuales coordinadoras del proceso arrancó con el proyecto en Lima. Allí hoy se albergan unxs veinte niñxs que acuden diariamente al espacio.

Así fue mi día en La Casita

Llegué cerca de las 9:30 de la mañana. En la puerta me estaban recibiendo gratamente con un desayuno. Seguido a esto me hacen una invitación a dejar mis cosas y mis zapatos en la entrada.

Paso al interior donde se escuchan diferentes voces. Cuando entro a una habitación de techos altos, grandes cristaleras y todo pintado de blanco, me encuentro con la asamblea de la mañana. En ella se encuentra Gabriela, Vivi y Pepe, educadorxs del sitio. Están en una ronda con todos lxs niñxs sentadxs. Cuando yo llego, los estudiantes están terminando algunas intervenciones.

Luego de terminar la ronda de intervenciones de todos, comienza la canción del proyecto, un tema particular que se conocen todos y que saluda a todxs lxs miembrxs del proyecto. Todxs lxs niñxs junto a lxs educadores cantan la canción y luego  arranca el día de juego.

Mientras todxs lxs niñxs jugaban, me dediqué a transitar el espacio. Caminé por la sala donde comenzaba la asamblea. Es un lugar grande con sitio para que lxs niñxs se sienten. A las afueras hay un jardín que se ve desde la gran cristalera. Ahí, Pepe, uno de lxs educadores del proyecto, lee cuentos a lxs niñxs que le han pedido que participe con ellxs.

Mientras en uno de los salones  Gabriela juega a disfrazarse con otros niñxs que allí transitan, la otra sala está llena de cosas para subirse, para construir, para colgarse y trepar. Ellos inventan, corren, se empujan y Gaby lxs acompaña en el juego. En esa misma sala tienen una pizarra gigante en la que pueden pintar todo lo que quieran. Justo cuando yo paso por allí, lxs chicxs deciden dibujar, y se tiran en el suelo.

Y sin embargo falta más por recorrer. A las afueras hay otro espacio que une estas dos salas y se utiliza como lugar de juego simbólico. Tienen disfraces, juguetes e instrumentos de música.

Allá juega Vivi, con los instrumentos de la casa y lxs niñxs que allí la convocan Además también poseen una pequeña tienda donde van y vienen, recreando las escenas de compra.

Todo este proceso se da durante la mañana, hasta que llega la hora de la “lonchera” En la que se empieza a invitar a todxs lxs chicos a que se calcen, para salir al patio e ir a la cocina a sentarse. La lonchera se comparte porque cada día del mes le toca a una familia del proyecto prepararlo todo para ese momento. Hoy le ha tocado prepararla a dos hermanitxs del proyecto que traen en su caja, pan, mermelada, frutos secos, jugo de naranja, aceitunas y muchas cosas más, para compartir con el resto.

Lxs chicxs se van a lavar las manos y toman asiento, agarrando un plato y vaso. Lxs chicxs toman la comida que desean, de todo lo que se ha servido en la mesa, hasta que ya están listos.

Después de la lonchera y aprovechando unos rayos de sol, poco frecuentes en el invierno Limeño, lxs adultos preparan el patio, sacando juguetes y materiales para que quienes puedan salir a disfrutar de esos rayos de sol y jugar en el patio. Mientras tanto todas las zonas interiores de la casa siguen abiertas para que las transiten.

Se agrupan según lo desean, algunxs juegan solxs, otrxs se aúnan en un mismo espacio, otros piden ayuda a algún adulto, etc. Pepe, unx de lxs adultos observa mientras un grupo de chicxs juegan con sus carros a dar vueltas en torno al árbol del patio, les construye un puente, y lxs chicxs comienzan a inventar historias en torno al puente.

En el patio han dispuesto diversos tipos de materiales, un tren de madera, que con sus vías ocupa medio lugar, animales y dinosaurios se apilan a la sombra de uno de los árboles. Hay una casa de madera pequeña en la que lxs niñxs entran e inventan historias de familias.

Tras esta última sesión de juego, se acerca la hora de terminar la jornada. Pero antes de salir e irse, se les invita a cerrar el día contando un cuento. Lxs chicxs ya conocen esta dinámica, por lo que todos corren a concentrarse en una zona del patio. Vivi, una de las educadoras se sienta en una banqueta y agarra el cuento que lxs chicxs han elegido hoy.

Vivi cuenta “¿A que sabe la luna?” Mientras todos se sientan y miran boquiabiertos las páginas del cuento que ella va pasando. Su entonación los retiene perplejos queriendo ver la siguiente página del cuento.

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Antes de que termine del todo el cuento, en la puerta ya suenan voces, y lxs niñxs comienzan a excitarse, las madres y padres están allí esperando, lxs educadorxs abren y las familias pasan adentro buscando a sus hijos.

En este proyecto es preciso dejar fluir la imaginación. Sin embargo, en cuanto profundizas en la teoría, ningún paso que se da en la mañana de este sitio es algo casual.

La asamblea y el cuento final, son dos momentos de contención, de conexión y despedida, de una realidad a otra. Realmente esos momentos van avisando a lxs niñxs, primero de que han llegado, y luego de que deben marcharse a su casa con su otra familia, creando un espacio de tránsito.

Que estén utilizando el espacio con toda la libertad e interviniendo cuando ellxs convoquen, pasa por el respeto a cada uno de los procesos de esxs niñxs y la confianza en que ellxs son capaces de gestionar su aprendizaje y cuando necesiten de un adulto, lo van a convocar.

 

El dejarles sus espacios y crear espacios para ello, para que se escondan, para que no quieran compartirse con nadie o todo lo contrario, para que pasen el día compartiendo sin parar y en colectividad constante.

¿Quiénes son los protagonistas?

Cuando llegué a La Casita, Gaby me dijo algo “Puedes ir donde quieras, pero la idea es que seas observador, que no intervengas si ellxs no te convocan” Esa premisa, pone el foco central en los cuidados de lxs protagonistas de ese espacio y en el respeto de sus rutinas y de sus lugares.

En el tiempo que pase allí fui bastante cuidadoso, sentándome en sitios poco visibles e intentando que las fotografías no hicieran de foco de luz,para no alarmar con mi presencia. Jugué cuando me lo pidieron y me quedé quieto en una esquinita si nadie me invitaba.

En este tipo de procesos es importante hacer reflexión en cuanto a la interferencia en las actividades de los más pequeños. En este espacio es muy importante respetar las acciones y actividades donde los niños son protagonistas, y allí también los adultos aprenden a mantener distancia y a ofrecer a sus hijos libertad.