Malena Rossa visitó en Itapoa, Brasil un espacio llamado Quintal das Crianças, un proyecto de educación libre donde todos aprenden a vincularse a través del amor y el respeto.

Salimos bien temprano de Salvador rumbo a Itapoa. Caminamos de la orilla marítima hasta la Casa Amarela, lugar donde se encuentra el Proyecto Quintal Das Criancas. Intentamos avanzar oyendo el canto de las aves; la polución sonora de la ciudad de Salvador es inexplicable, pero en Itapoa el panorama cambia radicalmente.

Fuente: Sitio Web http://quintaldascriancas.com.br/

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Al llegar, llamamos haciendo sonar la campana, con ansiedad por conocer lo que había detrás de esa pequeña puerta de madera. Andre nos recibió con toda la paz que lo rodea. La escuela está regida por una energía de mucha tranquilidad, armonía pura, sincronía absoluta. Antes de ingresar a la sala, Andre pidió permiso: la idea era no interrumpir la integración de una bella niña de pocos meses, acompañada por su madre y por Monique, quien ayuda a Andre en este proyecto, y que casualmente llegó a él a través de Reevo.

“Nos centramos en el desarrollo de la autonomía del chico, interfiriendo lo menos posible en sus decisiones, entendiendo a cada uno en su forma de ser, sus tiempos e intereses”

Dejamos los zapatos afuera y entramos sin quebrar la calma que se respiraba. Observamos, en silencio absoluto, el espacio… Un pequeño descansaba, durmiendo plácidamente a un costado. Al centro, una mesa; contra la pared, un mueble repleto de cosas para experimentar: crayones, pinturas, hilos, tijeras, juegos: de todo tipo, forma y color. Pinceles, hojas y libros de lectura; instrumentos de percución, un teclado, una guitarra y accesorios.

“Todos somos parte de la naturaleza, hijos de la madre tierra”

Afuera, la lluvia comenzaba a anunciarse en el viento. Recorrimos el patio. Cerca de la casa se abre un parque de diversiones: una carpa pequeña, una tela para hacer tejido, una cama elástica, y varias cosas más. Sobre un costado, cerca del estacionamiento de bicis, triciclos y camiones, un gran horno de barro para cocinar comidas deliciosas. Además, dos baños secos, una huerta y el compost, con un sector específico para las lombrices californianas, expertas en la transformación de la tierra. Árboles y frutales: sapoti, jamelao, jacaranda, etc. Por último pero no menos importante, la protección y el amor de dos guardianes: dos perros boxer muy afectivos y cariñosos con los niños.

Educación Viva

“Nosotros trabajamos con educación viva”, comenzó a explicar Andre. “Nos centramos en el desarrollo de la autonomía del chico, interfiriendo lo menos posible en sus decisiones, entendiendo a cada uno en su forma de ser, sus tiempos e intereses”. La escuela tiene una propuesta bien definida en base a la permacultura y una apuesta interesante en torno a la conexión con la naturaleza: “Todos somos parte de la naturaleza, hijos de la madre tierra”.

Hoy en día la escuela tiene siete alumnos de diferentes edades. Los más pequeñitos van por la mañana; los más grandes, por la tarde. Las clases funcionan de lunes a viernes, y los chicos pasan cuatro horas por día en el Quintal: un sitio muy colorido, hecho y decorado con objetos reciclados. Un aroma delicioso impregna todos los lugares que recorrimos.

Fuente: Sitio web http://quintaldascriancas.com.br/

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Cuando le preguntamos a Andre por el funcionamiento, si tienen alguna planificación o programa definido, nos comentó que ellos se guían por lo que precisa y desea cada chico. “No podemos obligarlos a hacer o aprender cosas para las que todavía no se encuentran preparados o ni siquiera tienen interés. Pero siempre mediamos, mostrando los límites necesarios para el desarrollo de vínculos amorosos, acompañando sin coartar su libertad”. En definitiva, lo importante es ayudarlos a comprender la realidad, entendiéndola como producto de nuestras intenciones, decisiones y acciones. “Si algún chico tiene curiosidad, por ejemplo, en saber qué está escrito en una historieta, entonces trabajamos con eso y comenzamos a leer. Todo va llegando a su debido tiempo, y es la autonomía lo que se pone en juego”.

Todo va llegando a su debido tiempo, y es la autonomía lo que se pone en juego

Conversamos un buen rato sentados en el patio hasta que la lluvia nos obligó a entrar. Fuimos a otra sala para no molestar la integración. Cuando preguntamos por ésta, en qué consiste, Andre nos comentó que más que a los niños, la integración está dirigida a los padres. “Son ellos los que tienen que entregar la llave de su confianza a la escuela; al fin y al cabo, nosotros somos sólo intermediarios entre padres e hijos.”

Fuente: Sitio Web http://quintaldascriancas.com.br/

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En un día común, los chicos llegan y dejan sus cosas en los lugares indicados. Traen consigo lo que comerán cuando tengan hambre o cuando ellos quieran. Pueden hacer actividades dentro o fuera según sea su deseo. “Cuando están afuera, algo distinto sucede en ellos; quizás sea porque tienen más cosas que explorar y conocer”, comentó Andre. Todos aprenden a vincularse a través del amor y el respeto. Siempre volviendo la mirada hacia el otro, entendiéndolo como un reflejo de nosotros mismos; estando continuamente en el presente, sintiendo y observando, preparados y alertas para ser capaces de comprender todo lo que acontece alrededor. La educación es la vida misma: un camino de constantes aprendizajes, experiencias y aventuras.

Gracias a todo el Quintal por recibirnos, por mostrarnos y compartir un poquito de su maravilloso universo de paz y alegría.